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lunes, 19 de octubre de 2009

Aigüeta de Barbaruens. Lost continent



De pascuas a ramos hay que hacer barranquismo. No es la actividad que más practicamos, pero cada vez que me he internado en uno de esos parajes he descubierto un mundo diferente.






La aigüeta de Barbaruens es uno de los muchos barrancos que hay en los Pirineos. Dicen que es bueno como iniciación, pero nunca te debes descuidar, no en vano los servicios de rescate sacan a más gente de los cañones que de las paredes. Se trata de un barranco largo con un pequeño tramo de gorga, donde están los 5 rápeles, lo demás es andar y andar yendo a la búsqueda de buenos saltos y toboganes, en los que hay que andar con ojo si no qu
ieres golpearte. Y para terminar un gran salto.








Lo mejor de está aigüeta es la variedad de paisajes, pasando del cañón excavado en roca pulida a zonas más abiertas donde reina la vegetación exuberante. Puedes ver tejos y también un pequeño jardín de helechos, conté hasta cinco especies diferentes. Incluso hay una toba colgante, formada en un afluente que desemboca en forma de cascada. Un descubrimiento tras cada recoveco en un lugar alejado de la mano del hombre.







Todos disfrutamos del día, cada uno con sus motivaciones. Luis volvía a los barrancos después de muchos años sin ponerse a remojo, Pablo y Dani recibían su bautismo y yo tenía la oportunidad de poner en práctica las técnicas aprendidas el verano pasado. Rapelamos, nadamos, saltamos, nos deslizamos y nos magullamos recorriendo el mundo perdido.






sábado, 27 de septiembre de 2008

Y ahora también... ¡Barrancos!



Algunos ya sabíais que desde hace tiempo nos ronda la idea de empezar a hacer barrancos... pues por fin nos hemos decidido. Hace un mes fui a Benasque y estuve haciendo un curso en la Escuela de Alta Montaña (supongo que lo de alta es por el cuestón que hay que subir para llegar ;-)



Ha sido un gran descubrimiento, no solo por que los barrancos son un nuevo mundo para mi en el que te sorprendes por las impresionantes formaciones geológicas, la vegetación selvática, el colorido del agua remansada y la fuerza de las cascadas. O desde el punto de vista técnico con un montón de instalaciones y trucos que no se usan normalmente en la escalada o el alpinismo. También ha sido un descubrimiento la gente de este mundillo, tan fanáticos como cualquier escalador o montañero, salen cada fin de semana a buscar nuevos descensos, incluso hacen viajes a otros países. Mis compañeros y profesores fueron un encanto, y me hicieron pasar unos días muy agradables a pesar haberme presentado allí solo.



El curso consistía en un día de rocódromo, para practicar nudos y todas las técnicas necesarias, y el descenso de cuatro barrancos: Liri, Ramastúe, Eriste inferior y Literola inferior. Muy muy intenso, jornadas de hasta diez horas en los barrancos, todo el día montando y desmontando instalaciones...



El Liri, para nosotros el Litri, es un barranco muy clásico del valle de Benasque. Tiene doce cascadas que se rapelan casi de forma encadenada. Presenta zonas muy encajonadas de roca roja y ocre a franjas lo que le da un toque muy pintoresco. La salida del barranco es peligrosa, por que hay que cruzar una finca, y eso no le hace mucha gracia a su dueño ¡Será por la plantación!



El Ramastúe es el primo hermano del Liri, esta justo al lado y tiene trece cascadas también muy seguiditas. Lo bueno de este barranco es que está poco transitado, además tiene un montón de vegetación y depósitos de tobas calcáreas en las cascadas recubiertas de musgo, así que te da la sensación de que estas en la selva. Hicimos un croquis que colgamos en Internet.


El Eriste es una pasada, "El gran barranco de los Pirineos" como dicen los cuadernos técnicos de Barrabes. Hicimos los tramos III y IV. La primera parte es bastante abierta y de mucho andar, además de varios rápeles en unas cascadas bien grandes incluye un coche aplastado como una lata de refresco en medio del cauce ¡un sitio idóneo para aparcar! La segunda parte es muy impresionante, tiene saltos, toboganes gigantescos, rápeles bajo arcos de agua, centrifugadoras, y sobre todo mucha mucha agua. Quede muy impresionado, y un poco magullado después de un tobogan de 25 m no muy bien ejecutado por mi parte.



El último día tocaba Literola, pero hubo que abortar. El termómetro del coche marcaba 4ºC y se veía nieve a 2000 metros, por muy gordo que sea el neopreno creo que yo habría pasado frío. Lo sustituimos por una clase en el rocódromo que nos sirvió para reforzar lo que habíamos aprendido y para aprender a remontar una cuerda.



Bueno ya estoy deseando volver a ponerme a remojo, ¡hay que practicar!



Pd.: Un abrazo para los profesores: Antonio y David; para los compañeros: José, Eva, Maite, Pedro y Antonio.