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domingo, 11 de diciembre de 2011

Pirineos. Al mal tiempo, buena cara


Como ya os dije en la anterior entrada de Alpes, la predicción del tiempo era mala para la semana que nos quedaba, por lo que renunciamos ir al Cervino y nos marchamos a Jaca a intentar aprovechar la semana. La verdad es que el mal tiempo no nos dio tregua y no pudimos hacer grandes actividades pero alguna salió interesante. Empezamos escalando el la Peña Oroel, que es la montaña que domina Jaca. La ascensión no es muy complicada, tiene un par de trepadas bonitas, quizás lo más difícil sea guiarse por el bosque hasta llegar a pie de vía, después puedes darte una vuelta por el balcón que hay a media pared y ver toda la comarca y Pirineos al fondo.



Al día siguiente fuimos a Riglos, aún mas espectacular de lo que esperaba, para iniciarnos en la escalada en el conglomerado, nos dirigimos al Mallo Colorao y nos metimos en Anorexia V, pero no me hagáis mucho caso que después de tanto tiempo no estoy seguro. La vía es de unos 120m y la técnica es tan diferente, pero es muy entretenido tener que superar barrigas agarrándote de cantos rodados. La verdad me quedo con ganas de volver y aprovechar más días en esta increíble zona.


Y para teminar estos días fuimos a una pequeña escuela, Peña Bubón entre Tramacastilla del Tena y Sandiniés, es una caliza un tanto rara ya que tiene mucho grano negro, de vías cortas y de grado asequible. Como me pasa de un año hasta ahora me encuentro bastante cómodo escalando, tanto que me atrevo y me atraen pequeños techos. La verdad es que ultimamente prefiero regletas y cazos a las finas placas y eso que es la escalada que más se adapta a mí. A destacar en cuanto encadenes poco, hice varios IV, un V+ y lo difícil tecnicamente de un 6a, pero que no saque porque el paso del techín era de derechas. 


Esto es lo que dio de si el verano, ojala hubieran salido más actividades, pero es lo que hubo. A partir de ahora a trabajar en el siguiente proyecto de Montañeros sin Barreras.

domingo, 28 de agosto de 2011

Carritos de fuego


Hace ya mucho mucho tiempo... en Semana Santa para ser más exacto, me reuní con mi amigo Manolo para enfrentarnos al gran reto que veníamos planeando durante toda la temporada ¡La ruta Carros de Fuego con esquís! Así que confiados en que otros años la ruta se había podido hacer sin problema en esos días de vacaciones, nos fuímos para el Valle de Arán. Pero ya de camino empezamos a darnos cuenta de lo ilusos que habíamos sido, este año los días santos caían en fechas muy tardías y las montañas estaban muy peladas.


Aún así no nos desanimamos y subimos hasta el refugio de Restanca (2.010 m), los esquís y las botas fueron en la mochila ¡Ni un triste nevero en todo el camino! Como la aproximación había sido corta y del refugio para arriba sí que había nieve, nos fuimos de excursión hasta un falso collado a 2.558 m al pie del Tumenèia. Una buena paliza para ser el calentamiento y un buena esquiada también.


Al volver al refugio nos encontramos con un antiguo compañero de la facultad y su pareja (los montañeros vamos todos a los mismos sitios) y quedamos para subir juntos al día siguiente al Montardo (2.833 m) ¡Cómo subian! ¡Y cómo bajaban! Manolo y yo íbamos a arrastras tras ellos o rodando si era en la bajada. Pusimos como excusa las mochilas, pero no era eso... Nos despedimos y cada uno fue para su lado. Nosotros al refugio de Cavell i Ventosa (2.200 m) a través de un viacrucis de nieve paposa, bordeo de lagos y calvas. Durante todo el camino tuvimos vistas de las Agulles de Travessani y me acorde mucho de cuando estuve allí con Pablo.


El siguiente día teníamos que enfrentarnos a uno de los momentos más temidos de la travesía: el Coll de Contraix (2.748 m). Salimos muy motivados y subimos a toda máquina. Al llegar al pie del corredor nos calzamos los crampones y subimos como obuses, ya hemos hecho mucha montaña como para asustarnos de estas cosas, al final no fue tan fiero el león como lo pintaban. De ahí hasta el estany una magnífica esquida, luego a buscarse la vida entre piedras y después entre árboles, para acabar cargando durante un buen rato hasta el refugio de Estany Llong (1.985 m).


Se imponía una reflexión. No podíamos seguir cargando más que esquiando, además los dos días que teníamos por delante eran en la vertiente sur y se pasaba por alturas muy bajas... Hicimos caso a los consejos del guarda y nos fuímos hasta el refugio de Amitges (2.380 m) a través de un pequeño collado situado a la derecha del pico del Portarró aproximadamente a 2.600 m. Alcanzar el colladito fue peliagudo, tanto por la inclinación de las palas que había que cruzar, como por el estado de la nieve. Pero la bajada mereció la pena y fue sin duda la mejor de toda la ruta. Esta etapa la compartimos con dos amigos granadinos, una gente muy agradable y muy montañera.


La siguiente etapa fue la única que realizamos integramente por nieve. Subimos hasta el Tuc de Saboredo (2.833 m) y después nos enfrentamos a una pala bastante helada. Con tan mala suerte que Manolo tuvo una caída y se hizo un feo corte en la mejilla. Menos mal que Julián, el guarda del refugio de Saboredo (2.310 m), es un maestro en con los puntos de aproximación, así que no quedará más desfigurado, jeje


Al día siguiente hicimos la ruta de los lagos de Colomers, por no hacer la etapa demasiado corta. Fue bonita, pero acabo por alcanzarnos la lluvía y penamos mucho para llegar al refugio de Colomers (2.135 m). Allí nos reunimos con un grupo de riojanos y su guía que habían relizado la ruta a pie, compartimos anécdotas y juegos hasta la cena.


A la mañana siguiente y sabiendo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero que no le gusta mojarse dos días seguidos, optamos por bajar por la pista forestal. Atajando como cabras con las botas de esquí llegamos hasta el coche.


Resulto una semana agridulce: foqueamos, esquiamos, porteamos, vimos paisajes maravillos y conocimos gente estupenda, pero... ¡cómo amarga no poder conseguir lo que nos habíamos propuesto! Al final la montaña manda siempre, por unas cosas o por otras.


Así lo contó Manolo

lunes, 3 de enero de 2011

Panticosa. Siempre hay otro plan


Estoy con el agua hasta el cuello ¿Cómo he llegado hasta aquí, si yo venía a escalar tresmiles? ¿Qué hago en esta piscina tan calentita, si yo tenía que estar pasando frío? ¿Por qué tengo todos los músculos relajados, si yo tenía que estar sufriendo la tensión de las subidas y el machaque de las bajadas? ¿Se trata acaso de una translación espacio-temporal? No, tan solo es un cambio de planes radical.

El puente de diciembre nos reunimos unos cuantos amigos en Panticosa. La idea era intentar algún tresmil de la zona, que según Manolo "son baratos, aunque no fáciles". En los días previos había caído una buena nevada y el frío había sido intenso, había un buen paquete de nieve sin transformar en la montaña. Así que decidimos utilizar raquetas.


El sábado amaneció despejado y frío. Nos calzamos nuestras raquetas y ascendimos por el camino de Brazato hasta los ibones, para, tras atravesar el puerto, llegar hasta el pico Baciás (2758 m).  Nos dimos un buen pateo, la gente que vimos se sorprendía que de que fuésemos con raquetas tan lejos, sin darse cuenta que no son solo para pasear. También hubo quien trato de impresionarnos diciéndonos que había subido 900 veces al Garmo Negro, pero no nos salían las cuentas...


A la mañana siguiente se levanto el día completamente nublado, se acabaron las vistas. El pronóstico decía que nevaría todo el día y que a la tarde empezaría a llover, acertando de pleno. Decidimos no quedarnos en el refugio y llegar, si era posible, hasta el embalse de Bachimaña. A mitad de camino la huella se acababa, una pareja que encontramos nos dijeron que estaba muy difícil subir y que solo habían podido abrir cuarenta metros, tal era el paquete que había. Luego comprobamos que se habían equivocado de dirección, nos pusimos a hacer relevos y con determinación llegamos hasta el refugio que allí están construyendo. Después intentamos bordear el embalse, primero por un lado y luego por el otro, pero se nos hizo tarde y no pudimos ir más lejos. Nos volvimos para el refugio esperando que el brutamonte que nos había metido en la habitación se fuese a otro sitio a roncar.


Durante toda la noche estuvo lloviendo y el resto del día siguió igual. La nieve se puso fangosa, así que la actividad de la mañana se tornó en sacar coches atrapados del aparcamiento, gracias a los guardas campeones del refugio la tarea no fue difícil. El pronostico para los tres días siguientes era más de lo mismo.


Y así fue como acabamos con el agua al cuello en el Balneario de Panticosa, sometidos a la agradable tortura de los cambios de temperatura de piscina fría a piscina caliente. Y así fue como acabe con un catarro que todavía no me he conseguido quitar por probar como es eso de salir a la nieve en bañador y volver corriendo a la piscina exterior.

lunes, 7 de junio de 2010

Monte Perdido. Una de las grandes

Tresmil metros de altura, vivac sobre la nieve y algún pasito técnico, esos son los ingredientes que Dani me pedía para nuestra ya tradicional escapada primaveral a Pirineos. Rápidamente nos vino a la cabeza una actividad de las grandes, la Norte de Monte Perdido.
Al poco de salir del aparcamiento nos llevamos una sorpresa, un gran alud había arrasado el puente de la pista de los Llanos de la Larri. Por suerte, el alud era grande de verdad, tanto que había cubierto todo el barranco del río y se podía andar sobre el. Lo llamamos el neoglaciar del Cinca, incluso tenía grietas. Seguramente según avance la temporada se convierta en un punto peligroso.
Sin prisa pero sin pausa, fuimos remontando el cuestón que lleva hasta el Balcón de Pineta. Tuvimos alguna duda acerca de por donde discurría el camino, ya que a menudo se perdía en los neveros, pero tirando de memoria y de intuición fuimos encontrando los puntos débiles por los que pasa la ruta, hasta conseguir plantarnos bajo el Embudo. La nieve ya estaba bastante blanda, una piedra había caído desde el lado izquierdo dejando un gran surco en el centro del embudo y unas cornisas asomaban a la parte superior del muro que lo cierra. Un panorama nada alagüeño. Caminando lo más rápido que nos permitía la pendiente y la pesada mochila, conseguimos salir de la trampa sin ningún problema ¡Ya estábamos en el Balcón de Pineta! Frente a nosotros estaba la gran muralla que forman el Monte Perdido y el Cilindro, y a nuestra espalada los Astazou, que pese a ser unos monstruos de tresmil metros en comparación parecían pequeñitos.
Buscamos un lugar solitario, resguardado y con buenas vistas para poner nuestra tienda de vivac. Tras excavar y alisar una plataforma nos dispusimos a fijar la tienda en la nieve, para ello ideamos un sistema similar a un aseguramiento con piolet enterrado: atamos las clavijas con cordinos y las enterramos perpendicularmente. Por lo menos no se salían, aunque no se sabe que habría pasado si hubiese hecho un poco de viento. Después, nos pusimos manos a la obra para conseguir un poco de agua. Toda la tarde tuvimos encendido el hornillo para conseguir tres litros de agua, medio litro de sopistant y un sobre de pasta china a medio hacer. Con el estomago más medio vacio que medio lleno nos fuimos a la cama antes de que se hiciese de noche. Precisamos de una buena organización para la maniobra, primero uno y después otro, el tamaño de la tienda no permitía muchos alardes.
Al amanecer nos pusimos en marcha, no había helado aquella noche y nada más salir de la tienda ya estábamos abriendo huella. Llegamos bajo el serac que señala la entrada del corredor inicial, una marcada huella subía por él y esa fue la tónica de la ascensión. Pasito a pasito, de huella en huella fuimos remontando la pendiente. Reconozco que sin huella y helado habría resultado impresionante, pero en esas condiciones no era más que un ejercicio físico. Salimos a la zona del primer glaciar, el ambiente es espectacular, hacia abajo ya tienes un patio bien majo y hacia arriba todavía te queda un buen rato, se siente la sensación de estar metido en una gran montaña. Cruzamos esta zona en travesía sin grandes problemas y nos dispusimos a encarar la última pendiente. Dicurre por una pala más empinada que el primer corredor, aunque con la huella se convierte en un ejercicio físico más grande todavía, eso si cuando miras para abajo ya no te giras tranquilamente, sino que miras de refilón no sea que vayas a cometer la última torpeza de tu vida. Justo antes de llegar a la arista cimera se estrecha un poco y entonces aparece el hielo. Solo fueron unos pocos metros, pero con buen hielo y en suficiente cantidad como para disfrutar de una bonita escalada. Ya sólo quedaba encarar las últimas pendientes para llegar a la cima, el ambiente era de estar alcanzando una gran cumbre. Casi sin darnos cuenta al doblar un recodo estábamos arriba. A nuestros pies se veía el impresionante valle de Ordesa y rodeándonos las otras cimas de la zona, todas empequeñecidas entorno al Perdido.
La bajada por la Escupidera tenía más miga de la que parecía, estaba bastante helada y la pendiente está orientada hacia el vacío. Bajamos con cuidadito, sobretodo después de ver el susto que se llevo uno que iba por delante de nosotros. Remontamos más rápido de lo esperado hasta el collado del Cilindro y bajamos mucho más despacio de lo deseado hasta la chimenea de la cara norte. A esas horas el sol pegaba con ganas y la nieve estaba muy blanda y te hundías hasta las rodillas. Encontramos una roca sobre la que escurría el agua del deshielo, nos liamos a besos con ella hasta que saciamos nuestra sed. Después nos tiramos por las pendientes provocando pequeños aludes, hasta llegar a nuestra tienda. Desmontamos el tinglado y nos comimos nuestras últimas migajas, mientras veíamos como pesados ríos de nieve se deslizaban por las laderas del Monte Perdido y del Cilindro.
Ahora teníamos que bajar hasta Pineta. Otra vez había que cruzar el famoso Embudo, además a una hora más tardía que el día anterior. La ladera estaba atravesada por varios desprendimientos nuevos, la nieve estaba muy blanda y las cornisas seguían amenazando con caer en cualquier momento. Apretamos los dientes para bajar lo más rápido que pudimos y ponernos a cubierto sin llevarnos ningún susto. En ese momento nos asomamos al valle, por las laderas del lado sur no cesaban de caer grandes aludes, por suerte nosotros bajábamos justo por el lado contrario, que esta mucho más despejado de nieve. Desandar el camino hasta la furgo se hizo largo, pero las maravillas del valle de Pineta nos compensaron el esfuerzo.
En resumen una actividad de alta montaña en plena primavera, que nos hizo acordarnos mucho de los amigos que se la habían perdido por no poder venir ¡Una de las grandes!

lunes, 19 de octubre de 2009

Aigüeta de Barbaruens. Lost continent



De pascuas a ramos hay que hacer barranquismo. No es la actividad que más practicamos, pero cada vez que me he internado en uno de esos parajes he descubierto un mundo diferente.






La aigüeta de Barbaruens es uno de los muchos barrancos que hay en los Pirineos. Dicen que es bueno como iniciación, pero nunca te debes descuidar, no en vano los servicios de rescate sacan a más gente de los cañones que de las paredes. Se trata de un barranco largo con un pequeño tramo de gorga, donde están los 5 rápeles, lo demás es andar y andar yendo a la búsqueda de buenos saltos y toboganes, en los que hay que andar con ojo si no qu
ieres golpearte. Y para terminar un gran salto.








Lo mejor de está aigüeta es la variedad de paisajes, pasando del cañón excavado en roca pulida a zonas más abiertas donde reina la vegetación exuberante. Puedes ver tejos y también un pequeño jardín de helechos, conté hasta cinco especies diferentes. Incluso hay una toba colgante, formada en un afluente que desemboca en forma de cascada. Un descubrimiento tras cada recoveco en un lugar alejado de la mano del hombre.







Todos disfrutamos del día, cada uno con sus motivaciones. Luis volvía a los barrancos después de muchos años sin ponerse a remojo, Pablo y Dani recibían su bautismo y yo tenía la oportunidad de poner en práctica las técnicas aprendidas el verano pasado. Rapelamos, nadamos, saltamos, nos deslizamos y nos magullamos recorriendo el mundo perdido.