viernes, 6 de noviembre de 2009

"Difficile, no. Pericoloso"

Capítulo 1. Difficile, no. Pericoloso



Por fin nos volvemos a juntar los tres piratas para hacer actividad, y es que una llamada de Adolfo es difícil de rechazar y más si lo que te propone es ir a los Alpes. Después de un largo viaje en avión, tren y teleférico, llegamos al refugio de Torino. Buen lugar para coger forma y ver en que condiciones está la montaña. Empezamos a andar por el Valle Blanco, en dirección a la Tour Ronde, a ver si encontrábamos algo en condiciones, ya que para cualquier actividad que preguntábamos en la casa de la Sociedad de Guías de Courmayeur la respuesta era "Difficile, no. Pericoloso". El macizo de Mont Blanc siempre es impresionante, pero más si lo que te encuentras es todos los glaciares agrietados y las paredes tirando piedras constantemente, es lo que tiene ir a finales de agosto.




Así que una vez que llegamos al col d'Entrèves y viendo factible la Aiguille d'Entrèves (3.600 m), decidimos meternos en su arista haciéndola en dirección SW-NE. Es una cresta muy bonita, fácil, con buen granito, pero bastante aérea. Empiezas entre un caos de bloques, y ya en los primero pasos te das cuenta quien tiene más oficio, y es que César y yo no somos capaces de seguir el ritmo de Adolfo. Pero llegan los pasos difíciles, o mejor dicho los aéreos, así que montamos una reunión, te toca hacer una travesía con el glaciar a tus pies hasta una buena repisa. Desde allí hay que trepar por una fisura que en algunas reseñas dan de 4b, hay unos cordinos de los que te puedes medio fiar y ayudar, pero ya que estás allí mejor darlo en libre. Y en seguida te plantas en la cumbre. Nos damos un respiro para disfrutar de las vistas y los reconfortantes ruidos que hacen las paredes al desmoronarse.







La bajada la complicamos un poco ya que empezamos a destrepar unas canales muy evidentes, pero que cada vez estaban más descompuestas. Por suerte, pudimos recuperar terreno, regresar a la ruta que desciende entre unos grandes bloques y así poco a poco llegar otra vez al glaciar.






Ya solo quedaba volver al refugio, nos lo tomamos con calma, es la primera toma de contacto con la altura y es mejor no malgastar fuerzas que te pueden ser útiles para otro día.






Continuará ...

lunes, 2 de noviembre de 2009

Por el Ocejón en Otoño


Si le comentas a alguién de Guadalajara que te gusta hacer montaña, siempre te dicen "¿Has subido al Ocejón?", por eso yo lo llamo el máximo exponente del alpinismo en Guadalajara. Allí nos dirigimos en nuestra última excursión. Como yo estoy poco productivo últimamente pedí a Dani que escribiese algo sobre ella, aquí os dejo su crónica:



Aunque algunos ya conocíamos aquellos parajes, otros lo descubrían de nuevas. Una gallega y un salmantino en la Sierra de Ayllón no es cosa habitual. La ruta planteada era también novedosa, siendo la intención de hacerla circular con subida incluida al Ocejón (2.049 m).



La jornada empezó tardía por motivos varios pero no sorprendentes. De camino por la carretera, se hizo parada obligatoria en la panadería de Tamajón, donde hacen las mejores tortas del mundo, al menos eso creo. Rozando el mediodía nos encontramos en Majalrayo (1.250 m), muestra adecentada de la Arquitectura Negra de la Sierra. A nuestra gallega aquello le recordaba su tierra.



El comienzo de la senda planteaba dudas. Se debía de tomar el camino correcto, pero no fue el caso. Así que emprendimos camino senda arriba por una antigua pista cada vez más reconquistada por jaras pringosas y brotes de melojo, que fueron dificultando nuestro paso. Por suerte nos acompañaba Tambor, nombre propuesto para un perro del pueblo, que bien habilidoso, nos marcaba el camino en sus corredurías.



En un momento dado nos vimos insertos en el melojar sin rastro evidente del camino. La idea de volver para tomar otro camino resultaba perezosa a sabiendas de la molesta vegetación. Por tanto, con Tambor al frente, resolvimos rastrear hacia arriba para encontrar el roquedo que se empezaba a vislumbrar allende lo arbóreo. El hozado y huella de los jabalíes nos fue de mucha ayuda.

Y por fin salimos del dosel que nos cubría y empezamos a disfrutar de un paisaje de ocres, verdes y grises con Majalrayo y otros pueblos abajo en el valle. Una alfombra de gayuba nos llevaba hasta el collado de la Pradera la Maldita (1.733 m) pero antes había que sortear las primeras placas de gneis y granito del camino. Una vez en el collado, comprobamos cual era el camino correcto de subida. Desde allí se podría continuar por una senda clara camino de Valverde de los Arroyos.


Así que empezamos un ligero descenso entre gayuba, brezo y pies sueltos de melojo. A nuestra derecha el ligero sonar de un pequeño arroyo nos empezó a acompañar. Se atravesó otro arroyo de otoñada espectacular con chopos y serbales, para poco más adelante llegar a Las Chorreras (1.450 m), el conocido salto de agua, aunque de agua justa para esta época. Desde allí ya podríamos ver Valverde, el otro pueblo clásico de la arquitectura del lugar. El disfrute fue máximo, especialmente cuando lo acompañamos de buen queso de tetilla, salchichón, paté y hogaza de pan. Desgraciadamente perdimos aquí a Tambor, del que ya no supimos más. Esperemos que su demostrada habilidad le permitiera volver a casa fácilmente.

La chorrera fue analizada convenientemente antes de iniciar de nuevo camino ascendente. No fue un regalo la subida al Ocejón, debido a los kilómetros ya acumulados, pero a buen ritmo lo alcanzamos. Allí, las nubes nublosas dieron al traste con las vistas cimeras pero dieron un ambiente más adecuado.



Para hacer más divertido el descenso, preferimos crestear entre las cuchillas sobrepuestas de gneis y granito, hasta llegar al collado Cañamarejo (1.798 m),
El descenso se hizo un poco pesado, pero el atardecer alivio el cansancio de piernas y rodillas, con un sol que finalmente se dejó ver al escabullirse bajo las nubes. Ya nos encontramos en la Peña de Los Santos y la noche cayó justo antes de volver al coche.
Bella ruta en el otoño de la sierra de Guadalajara.

lunes, 19 de octubre de 2009

Aigüeta de Barbaruens. Lost continent



De pascuas a ramos hay que hacer barranquismo. No es la actividad que más practicamos, pero cada vez que me he internado en uno de esos parajes he descubierto un mundo diferente.






La aigüeta de Barbaruens es uno de los muchos barrancos que hay en los Pirineos. Dicen que es bueno como iniciación, pero nunca te debes descuidar, no en vano los servicios de rescate sacan a más gente de los cañones que de las paredes. Se trata de un barranco largo con un pequeño tramo de gorga, donde están los 5 rápeles, lo demás es andar y andar yendo a la búsqueda de buenos saltos y toboganes, en los que hay que andar con ojo si no qu
ieres golpearte. Y para terminar un gran salto.








Lo mejor de está aigüeta es la variedad de paisajes, pasando del cañón excavado en roca pulida a zonas más abiertas donde reina la vegetación exuberante. Puedes ver tejos y también un pequeño jardín de helechos, conté hasta cinco especies diferentes. Incluso hay una toba colgante, formada en un afluente que desemboca en forma de cascada. Un descubrimiento tras cada recoveco en un lugar alejado de la mano del hombre.







Todos disfrutamos del día, cada uno con sus motivaciones. Luis volvía a los barrancos después de muchos años sin ponerse a remojo, Pablo y Dani recibían su bautismo y yo tenía la oportunidad de poner en práctica las técnicas aprendidas el verano pasado. Rapelamos, nadamos, saltamos, nos deslizamos y nos magullamos recorriendo el mundo perdido.






jueves, 17 de septiembre de 2009

Sin horarios en las Agujas de Travessany


Ahora que he vuelto a la rutina del trabajo y a sus horarios estrictos recuerdo los días de montaña y su libertad. En un día de buen tiempo, no existe más limitación de horarios que la salida y puesta del sol. Un buen ejemplo de esto fue la ascensión que hicimos a primeros de agosto de las agujas de Travessany, en el Vall de Boí, dentro del Parque Nacional de Aigüestortes. Se trata de seis riscos de granito que se van sucediendo una detrás de otro, cada uno más alto y más grande que la anterior, hasta llegar al Pic de Travessany (2.755 m).


Salimos del camping aún en plena noche, para al amanecer, desde el aparcamiento del embalse de Cavallers, dirigirnos hacia el refugio de Ventosa y Calvell. La llegada al refugio nos desanimo un poco, la visibilidad era nula y la amenaza de tormenta era muy grande. Pero después de consultar con los guardas sobre las vías de escape nos volvimos a entusiasmar, resultó que es posible bajar andando hacia el este desde todas las brechas salvo una que se desciende en dos rápeles de treinta metros ¡Ya no teníamos excusa, si se ponía a llover saldríamos rápidamente! Tanteando entre la niebla nos dirigimos a la base de las agujas, con tan buena suerte que empezó a abrir lo suficiente para poder disfrutar de las vistas y del calorcito justo, aunque las nubes negras no se fueron en todo el día.



Podría empezar a contaros que la primera aguja se sube por aquí, la segunda por allá y así hasta la sexta y la posterior ascensión hasta el pico. Pero la verdad es que mis recuerdos os iban a servir de poco, además en Internet hay un montón de reseñas, algunas no muy buenas, como la que llevamos nosotros. También os podría decir, como dice todo el mundo, que la aguja más difícil es la cuarta y que hay unos pasos en una placa de no se que dificultad. Desde luego es la más impresionante, pero si lleváis una buena reseña y un poco de instinto no os costará mucho. De hecho para nosotros lo más difícil fue un pequeño diedro que encontramos después de la famosa placa. Y lo que también podría contar, es que el horario es de cinco horas o así. Pero al llegar a la cima de la segunda aguja ya sabíamos que el día iba a ser muy muy largo, no nos importó. Mientras el tiempo nos respetase y las fuerzas no nos abandonasen seguiríamos hasta el final. Poco a poco fuimos superando una aguja tras otra, a nuestro ritmo pero sin parar. Superamos tramos de roca muy buena con pasos muy bonitos y otras zonas más descompuesta, destrepes dudosos, rapeles escondidos, saltos sobre el abismo, recorridos aéreos, rocas de formas sorprendentes, un quebrantahuesos volando cerca de nosotros, los lagos a nuestros pies… ¡Y al final conseguimos la cima!



Ya no nos quedaba agua, ni muchas fuerzas, pero la bajada fue relativamente sencilla y en un momento nos plantamos en el refugio. Y como éste era un día sin prisa, decidimos pasar el rato que nos quedaba hasta el anochecer de charla con unos guías de Gerona muy majetes, para terminar llegando con el frontal hasta el coche.


Lo que os contaba al principio, libertad total, tanto para seguir adelante, como para retirarse, apurando el día mientras las fuerzas aguanten.

martes, 14 de julio de 2009

Cuchillar de Cerraillos. Ensayo general



Hay un montón de formas de llamar a una misma actividad, hay quien hace alpinismo, otros pirineismo, pero lo que nosotros hacemos es gredismo. Desde bien pequeños nos hemos criado en el agreste ambiente del Sistema Central: grandes pateadas de aproximación, sol abrasador desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde, escobas hasta los sobacos y pedregales y riscos de granito. Eso es lo que fuimos buscando cuando nos acercamos hace unas semanas al Circo, pero también los prados de verde y mullida hierba y las fuentes de agua helada.



Todos los inviernos pasamos por el Circo dos o tres veces, pero hacía una buena temporada que no íbamos por allí en verano, por eso nos propusimos ir a darle un tiento a los Hermanitos. La verdad es que el Almanzor y compañía son impresionantes los mires cuando los mires, así que desde que empezamos el cresteo por el Morezón se nos fueron llenando los ojos de riscos y de roca. Para cuando llegamos al cuchillar de Cerraillos teníamos tantas ganas de meternos en faena que en vez de flanquearlos, como era más lógico, nos fuimos directos a seguir la cresta.

Hemos hecho poca montaña este año, así que nos sentíamos un poco torpes en las trepadas y destrepes con las botas en los pies y la mochila a la espalda. Se echaba de menos llevar los pies de gatos para sentir cada cristal de la roca ¡Pero había que curtirse! Por eso no desaprovechamos la oportunidad de subir a cada risco que encontramos. También por curtirnos y por perrería, no desechamos ni la menor oportunidad de hacer un rapel. Después de hacer hasta cinco rapeles teníamos la sensación de estar haciendo un barranco en vez de una cresta.

Este cresterío tiene tres riscos principales: el Enano, la Campana y la Ventana, pero también tiene un buen puñado de riscos menores, así que llegó un momento en que estábamos un poco desorientados y no sabíamos en que punto nos encontrábamos, hasta que desde la cima del Enano vimos el risco de la Campana, que es inconfundible. Para nosotros además fue inaccesible, pues no fuimos capaces de encontrar la fácil trepada de tercero que marca la guía de Adrados. Después fuimos hasta el risco de la ventana, al que hay que buscarle las vueltas, para finalmente ascender con mucho ambiente por el lado de la Garganta Blanca.

A estas alturas, ya habíamos acabado toda nuestra agua y estábamos derrengados, así que después de asomarnos a la Ventana y de observar un ratito los Hermanitos decidimos buscar un ambiente más agradable en los prados de Navasomera. Empajarados y cansados nos costó mucho esfuerzo llegar, pero nos vimos recompensados con el agua fresca y el remojón de pies.

Un buen ensayo general para nuestros planes de este verano, en el que no falto ninguno de los actores principales: terreno técnico, ambiente y pateo. Ahora estamos un poco mejor preparados para esta vez sí, hacer pirineismo y alpinismo.

jueves, 11 de junio de 2009

En buena compañía


Foto de: Piraña
Después de mucho tiempo sin escalar juntos hubo reencuentro de amiguetes en el Guijo. Y debe ser que la buena compañía motiva a tope por que nadie se marcho sin cumplir con algún objetivo.

Foto de: Piraña
Noelia y Piraña se pegaron un buen atracón hicieron: Placa pa´ hoy hambre pa´mañana y la fisura Disciplina. Demostrando que da igual grandote o pequeña para estar hecho un fanático, incluso estuvieron con ganas de decotar media escuela. Las mismas vías se hizo Fran, que en su primera visita le ha cogido el punto a los garbanzos rápidamente.

Justificar a ambos lados
Foto de: Piraña
Rosita y yo nos hicimos un 6a, que no esta nada mal teniendo en cuenta lo abandonado que tenemos el tema de la escalada.Pablo se dedico a afianzar su técnica en autoprotección, haciendo un buen puñado de vías metiendo cacharros. Me parece que algo esta tramando para este verano.

Foto de: Piraña

Y el señor Alberto, hizo disfrutar al público con una preciosa ascensión de Petalolitas. No tenemos muy claro si voló más rápido mientras encadenaba la vía o mientras se pegaba un divertido baile aéreo con Noelia mientras se descolgaba.

Foto de: Piraña
Ya estamos planeando el próximo encuentro y ¡cuanto antes mejor!